Archivos Mensuales: septiembre 2012

Breve enciclopedia sensorial de Durham

Durham sabe a sandwich en la cafetería del hospital, a salsa de mostaza con miel, a sirope de arándanos y a fruta orgánica ya demasiado madura. Sabe a nachos de maíz, a refrescos dietéticos en exceso, a Vanilla Latte mezclado con dentrífico por la mañana. Sabe a hamburguesa vegana, a barbacoa de pollo en día de partido, a leche 0.5% y a pseudo-sushi frito rebozado con ketchup.

Durham huele a tierra mojada recién llovida, a cuarto de peces cebra, a perritos calientes del carrito del mediodía. Huele a perfume de las familias que van arregladas a misa los domingos, a producto de limpieza de suelos los lunes y a tostadas requemadas los sábados. Huele a sudor de trabajadores y a bananas que guardo en mi balda de la alacena.

Durham suena a clarinete de banda de jazz callejera tocando en la estación de trenes, a claqueo de los expulsadores de puntas de las pipetas apresurandose por salir a las 5, a guitarreo de millones de grillos todo el tiempo. Suena a español de los camareraos, a inglés de los jefes, a chino de los post-docs, a alemán del estudiante internacional que no sabe todavía donde se metió, y a ladrido de los perros con los que vivo.

Durham se ve azul como la camiseta de baloncesto que llevan orgullosos los nuevos estudiantes, verde como los bosques que rodean y engloban todo, roja como la cresta de la niña de trece años que se sienta frente a mí en el autobus, marrón como la piel de los ciervos que veo desde mi ventana, naranja como la tapa de los tubos “falcon”, blanca como las batas de los doctores que entran y salen de todas partes, negra como mi desafarolada calle por las noches.

Durham se siente como la humedad al salir de casa, como el calor ardiente del sol de la mañana y el frío del aire acondicionado del autobus por la noche. Se siente como una quemadura en la boca con la comida recién recalentada al microondas, como el filo de la cuchilla de seccionar peces, como el mullido de la silla de cuero de mi escritorio. Se siente  como las teclas que presiono al terminar esta entrada.

Anuncios

Eruditio et Religio

Temporalmente trabajo en la Universidad de Duke. Refundada en los años 20 por la familia Duke de magnates tabacaleros, la Universidad de Duke ha sido históricamente uno de los centros universitarios de investigación más importantes de Estados Unidos. Con un presupuesto en investigación de 1000 millones de dolares al año, solo una veintena de universidades la igualan o superan en todo el mundo. Pese a su tradición investigadora, y su decidido enfoque biomédico (el hospital universitario frecuentemente está considerado como uno de los 14 mejores hospitales del país), es una de las universidades más influidas por la religión y los estudios divinos. La “Divinity School” está considerada como una de las mejores del país, con cientos de doctorandos nuevos cada año. E incluso hoy en día, la universidad mantiene lazos muy estrechos con la Iglesia Metodista Unida, la tercera fuerza cristiana más importante de Estados Unidos. Protestantista y evangelista, la capilla de la Iglesia de Duke es el símbolo de la Universidad. “Eruditio et Religio”, saber y religión, luce el blasón de la universidad, orgulloso, oponiéndose a las “libertinas” universidades del Norte.

El tema me dejó confuso, así que seguí investigando y preguntando sobre religiones en America (cuando no pongo tilde, me refiero al país, Estados Unidos, tal y como lo pronuncian aquí). Un paseo por los galpones de tabaco reconvertidos en “centro de la ciudad de Durham” me confundió incluso más. “Iglesia El Camino”, “Iglesia Adventista del 7mo. Día”, “Logia de Principes de NC”, “Iglesia Baptista de los Viñedos de Durham”… la lista es interminable. Y eso dentro del cristianismo. “La Iglesia de Yavé”, “La Iglesia Mormona”, “Testigos de Jehová”, “Iglesia de la Cienciología”, “Raelianismo”. La variopinta selección de divinidades hace recordar a los tiempos de los humanos primigenios, cuando no estaba mal venerar cualquier cosa que se te ocurriera. El “religionismo” estadounidense tiene hasta su propia parodia, encarnada en la Iglesia del Monstruo Volador de Espaguetis, surgida en respuesta al debate creacionista durante los años 2000.

Mi curiosidad se convirtió en verdadero asombro cuando hace unos días un compañero del laboratorio volvió de viaje por el estado de Minesotta. Había estado entrevistándose para un puesto de profesor universitario en una pequeña universidad privada. El puesto, preparado para un experto Doctor en biología molecular, requería dedicación completa a la enseñanza y parcial en investigación. Además, la universidad disponía de fondos privados (de hasta 1 millón de dolares) para investigación si el tema se encuadraba en las líneas de la “Ciencia de la Creación”. Ahh, sí, y está prohibido enseñar a los estudiantes cosas que contradigan las Sagradas Escrituras…….. Esto, ¡¿qué?! A todo el mundo le pareció de lo más normal. “Sí, sí, la típica universidad creacionista”. ¿Cómo que típica?

Aparentemente el tema es para tiritar: un 50% de los adultos de America está a favor de las ideas creacionistas típicas (lo que aquí se llama “Young Earth Creationism”, o lo que viene a ser lo mismo, la Tierra se creó hace menos de 10000 años). El porcentaje es aún más grande aquí en el Sur, donde incluso un 40% de los estudiantes de doctorado/posgrado muestran esta opinión.

¿Qué es lo que pasa? Todavía sigo intentando darle vueltas a la cabeza, pero la explicación más sencilla que sigue viniéndome a la mente es la siguiente: los estadounidenses se sienten muy solos. Tengo la impresión de que ese individualismo extremo, herencia de una geografía complicada y débiles ideas de estado y libertad, ha creado una sociedad rota donde la gente se siente terriblemente sola y aislada. Y solo hay un miedo más grande que el miedo a lo desconocido, y ese es el miedo a la soledad (aunque al fin y al cabo no deja de ser miedo a lo verdaderamente desconocido, es decir, miedo a uno mismo). Llegadas al nuevo continente, las religiones de Europa se han ido fragmentando en cientos de Iglesias aisladas y temerosas. Confundidas y sin un fuerte liderazgo común, estas se han ido a su vez fragmentando (y, aunque rara vez, también fusionando) según surgían en ellas diferentes opiniones frente al “progreso”: la guerra, las armas, la homosexualidad, la tecnología, internet, la pornografía, el aborto, las células madre, la ciencia. Las religiones y las iglesias han ido evolucionando (o involucionando, según se mire) gracias a su naturaleza frágil y errabunda.

Por mucho que me pese, sin embargo, tengo la sensación de que para el inculto vulgo individualiextremista que vive en este país, tan laxo de control y de estado, las religiones son lo único que mantiene en raya a esta sociedad al borde de la barbarie.