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Fernweh

Antes que nada, quiero agradecer a P. (y a M. indirectamente) la oportunidad de participar en este blog. Estoy impresionado por la calidad de las entradas iniciales, y me produce mucha curiosidad saber en qué dirección irá un proyecto a tantas bandas y desde diferentes puntos de vista. Dicho esto, vamos allá.

Yo colecciono palabras. Me parece fascinante cómo diferentes culturas han creado diferentes palabras según sus necesidades, creando unos términos intraducibles a otro idioma sin usar una circunvolución de palabras bastante complicada. Como ejercicio para demostraros a lo que me refiero, os propongo que intentéis explicar en otro idioma términos como “el duende” del flamenco (es la capacidad / el poder del arte de mover a las personas por dentro), o el término gallego morriña (es el dolor por estar lejos de la patria y el hogar). Yo los he intentado describir en los paréntesis, pero tengo la sensación de que son mucho más que eso.

Por ejemplo, en portugués existe el concepto de “saudade”, que combina nuestra morriña con melancolía y con nostalgia. La definición más exacta que he encontrado es algo así como “un deseo vago y constante de algo que no existe y probablemente no puede existir. Es el amor que permanece cuando algo se acaba, todas las cosas que permanecen y ayudan a vivir. Es un bien que se padece y un mal que se disfruta”. Vaya concepto intraducible al español, ¿no?

Todas las culturas del mundo acaban creando conceptos y consecuentemente palabras, para describir cosas que en otras culturas no hace falta describir. Por ejemplo, en japonés, la presión social para eliminar el concepto de individuo hace que el sujeto de la frase se omita casi siempre (sobre todo la primera persona del singular, para no parecer un egocéntrico. En un idioma en el que los verbos no se conjugan según la persona, esto supone que el flujo de información es bastante caótico para los no iniciados (ánimo, P.!), porque hay que ir adivinando el sujeto de cada oración sobre la marcha. Consecuentemente, se han creado dos verbos extra que significan “dar” y “recibir”, pero sólo en la primera persona del singular (significan realmente “yo dar” y “yo recibir”, y los otros verbos “cualquier persona menos yo dar” y “cualquier persona menos yo recibir”. De forma que cada vez que aparezca uno de esos verbos, el oyente entiende que el hablante se refiere a sí mismo.

Desde que escuché por primera vez la palabra alemana fernweh, me fascinó. Se compone de distancia (fern) y dolor (weh), y vendría siendo exactamente lo contrario a nuestra morriña (que en alemán también existe, como heimweh: dolor + casa). El fernweh es una sensación que indica el dolor que te produce estar lejos de lo desconocido. Tener ganas de explorar el mundo y sufrir por estar en un sitio conocido. Es equivalente al inglés wanderlust (literalmente, lujuria por vagar, ganas de deambular) y es un término que a nosotros culturalmente nos resulta muy ajeno, y que resulta extremadamente complicado de simplificar.

Me parece fascinante. Es posible que como persona, mis ataduras a una patria más o menos pequeña son muy relativas y débiles. Aunque creo que ya estoy bastante curado de mi fernweh, me parecía que era una buena reflexión inaugural en este blog sobre distancias (y sobre palabras).
Sobre todo porque todo esto acaba en que para entender mis ganas de recorrer el mundo y ponerles un nombre, me tuve que ir a otra lengua, porque en mi idioma natal eso ni existe. El mundo es una gran ironía.